Los poetas muertos

El mundo de la literatura es tan maravillosamente inabarcable que escoger y recomendar una obra es labor harto difícil, porque muchas son las que se me vienen a la mente, como muchas son las emociones que cada una de ellas nos produce.

Sin embargo, en esta primera ocasión he seleccionado una novela que en su momento fué considerada toda una declaración de principios para la gente soñadora, para los jóvenes que gozábamos de la vida con auténtica pasión, y que “Carpe Diem” era también nuestro lema.

Me refiero al más conocido de N.H. Kleinbaum, y que hace once años fué llevada al cine e interpretada por actores de la talla de Robin Williams, Robert Semm Leonard y Ethan Hawke.

Como muchos ya habréis adivinado, estoy hablando del “Club de los poetas muertos” y la he escogido porque en ella se habla del amor a la literatura, a la poesía de Withman, de Byron, de Shakespeare; porque en ella se hace un canto a la vida y al amor y, sobre todo, al valor de las palabras, pues la palabra tiene el poder de cambiar el mundo.

Un grupo de adolescentes internos en un austero instituto de Vermont conocen a su nuevo profesor de literatura, Mr Keating, el cual hará renacer en su interior sensaciones antes ocultas; la pasión por el teatro; el amor de una chica; la lealtad… A lo largo del curso Keating les fué revelando un secreto:

“Se escribe y se lee poesía, no porque sea bonita, sino porque se es parte de la humanidad.

Se escribe y se lee poesía porque los seres humanos son seres con pasiones.

La poesía, el amor, la belleza, ésa es nuestra razón de ser”.

Por todo ello, en el pequeño colegio se desata un terrible conflicto entre dos concepciones de la vida antagonistas: la de Keating y sus muchachos, que representan el inconformismo, la pasión y las ganas de vivir; frente a la tradición y la autoridad, al sometimiento a las reglas sociales y a los esquemas del pasado.

El profesor se convertirá en el mejor aliado de seis apasionados muchachos que lucharán por conseguir aquello que más ansían, y que ven en Keating a su líder, a su guía, a su CAPITÁN, pues en toda la obra estará presente el inolvidable poema de Walt Withman. ¿Recordais?:

¡Oh Capitán, mi Capitán! Terminó nuestro
espantoso viaje,
El navío ha salvado todos los escollos, hemos
ganado
el premio codiciado,
ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el
pueblo acude gozoso,
los ojos siguen la firme quilla del navío
resuelto y audaz;
Más, ¡Oh, corazón, corazón, corazón!…

Hasta la próxima!

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