Un Mundo para Bryce

En este artículo os hablaré de un  prolífico autor hispanoamericano, que lleva más de cuarenta años publicando espléndidas novelas, y que sin embargo sólo ahora está siendo reconocido por el gran público. Os hablo, pues, de Alfredo Bryce Echenique, un peculiar Limeño, de vida bohemia y discreta, al que los críticos han  llegado a calificar como un hombre clínicamente incapacitado para el éxito.

Que su nombre sólo resuene en los pequeños círculos literarios españoles, me ha decidido a hablaros un poco de él, no  ya sólo de su fantástico y extenso trabajo creativo, sino también de su persona, para poneros en antecedentes; pues su vida, viajes, impresiones y sensaciones han marcado de modo inconfundible sus novelas, tanto que algunas son casi autobiográficas.

Alfredo Bryce nació en la capital peruana allá por febrero de 1939. Heredero de una oligarquía peruana ya decadente, descubrió ya de pequeño un gran interés por la literatura, y una gran facilidad para contar historias. Sin embargo, por indicaciones paternas  cursó la carrera de Derecho. Una vez terminada, consiguió una beca del gobierno francés para cursar estudios de literatura en Francia.

1964 fué el año que cambió irremediablemente su vida. Dejó la abogacía, cruzó el charco y aterrizó en París, la ciudad que tan presente estará en sus futuras obras Allí se instaló, estudió y encontró la profesión de su vida: la enseñanza. Impartió clases de cultura  hispanoamericana  y literatura en la Sorbona, y puede presumir de haber impartido magistrales lecciones en universidades de todo el mundo: Vicennes, Yale, Montpellier, Dustin…

La docencia y la literatura han sido su grandes pasiones. Reconoce que escribe por necesidad. No busca ni la gloria ni la fama, sino satisfacer esa imperiosa necesidad de contar historias y dar rienda suelta a su memoria e imaginación.

En una reciente entrevista que he podido leer, nos cuenta un poco su personal visión de la docencia:

“Yo he tenido esa relación que hace que mi trabajo como profesor sea positivo, no sólo para ellos, sino también para mí; es decir, una relación en la que veo que hay placer, en la que se intercambia algo más que el frío dictado de una clase. Mi fama en Francia era la de un antiprofesor, mis clases empezaban antes y terminaban después…”

Ya en París, en 1968, a sus veintiocho años,  publicó su primera novela: “Huerto Cerrado”. Dos años después vendría “ Un Mundo Para Julius”, tal vez su mejor obra. Se trata de un excelente retrato de la burguesía limeña de la época. Una dura crítica de la clase dominante, de su ideología y modo de vida, que se nos presenta bajo la despierta mirada de Julius, un niño lleno de sensibilidad, inteligencia y con una gran capacidad de comprensión y asombro. Su peculiar relación con su madre, hermanos, profesoras, y sirvientes se nos cuenta a través de un estilo tan personal como es el de Bryce Echenique.

Un estilo marcado por la oralidad de la narracion, que denota la importante influencia que su amigo Julio Cortázar, ese espléndido e irrepetible escritor tuvo sobre él. Una sensación de libertad expresiva que, como él mismo reconoce, es fruto de mucho trabajo y corrección. Este narrador, en ocasiones objetivo, tantas veces subjetivo, que siempre involucra al lector en sus deducciones, hace que esta novela nunca nos sea indiferente.

Después vinieron obras como “ La Vida exagerada de Martín Romaña”, “ No Me Esperes En Abril”, “ Dos Señoras Conversan”; varios libros de cuentos; un libro de antimemorias: “Permiso Para Vivir”; y de su ardua labor periodística tenemos una  buena recopilación en “ A Trancas y A Barrancas”.

Recientemente también ha salido al mercado “ Guía Triste de París”, una colección de cuentos  y pequeños relatos cuyo núcleo central es la vida de varios emigrantes latinoamericanos en la inolvidable capital francesa.

“La Amigdalitis de Tarzán” es su ultima obra, de la cual querría haceros una especial mención, porque realmente la historia logra cautivar al lector. En ella se nos presentan las vidas entrelazadas de dos amantes y sobre todo amigos,  Fernanda María y Juan Manuel, contada por medio de las cartas que durante más de treinta años se envían ambos protagonistas.

Una historia de amor, humor, y correspondencia, y siempre la sensación de que nunca fue el lugar ni el momento adecuado para su amor. Letras de canciones y la nostalgia soñadora de dos exiliados se entremezclan con una Sudamérica que se desmorona poco a poco, entre golpes militares y la gran inestabilidad política y económica que padece. “Tarzán” es ella; así la llama Bryce, por su capacidad para sacar fuerzas de flaqueza y sobreponerse ante la jungla de asfalto y las ingratitudes de la vida.

Amargura, pasión, grandes dosis de humor y sobre todo una gran ternura se desprenden de una divertida novela. Mediante un medio tan tradicional y olvidado como es una simple carta,  Bryce ha sabido mantener la intriga hasta un desenlace por todos esperado, pero no por ello menos emocionante.

Un hermoso canto a la amistad que desde aquí os invito a disfrutar.

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